La escritura tiene muchos caminos, pero suele conducir directamente al alma cuando está trazada desde el corazón del sufrimiento y la supervivencia. Después de Auschwitz (Planeta) es uno de esos relatos que te hielan por la triste y cruel realidad de su contenido.

Eva Schloss pudo haber sido una más de los muchos millones de judíos que fueron asesinados en la Segunda Guerra Mundial a manos de los nazis. Afortunadamente pudo esquivar al peor de los registros de la maldad humana y en este desgarrador libro cuenta una vida marcada a fuego por esa herida que se cicatriza un poco con este testimonio que a la autora le gustaría que fuese una carta a la posteridad.

El libro podría dividirse en dos partes. Una primera en la que Eva cuenta su infancia, y el antes y durante de la pesadilla que vivió; y una segunda parte en la que relata el vacío, el silencio y esos miedos del después que pudo ir superando cuando empezó a contarle al mundo su paso por Auschwitz.

Esta segunda parte transmite un mensaje más esperanzador y lleva al lector a descargar todos esos sentimientos de rabia, dolor y empatía que se van acumulando durante la lectura de una primera parte que comienza con la feliz infancia de Eva en Viena junto a sus padres, hermano y abuelos.

Pero un día su vida cambió radicalmente y toda su familia tuvo que escapar de la persecución iniciada contra los judíos. Junto a sus padres huyó primero a Bélgica para asentarse posteriormente en Ámsterdam hasta que fueron traicionados y conducidos hasta el campo de concentración de Auschwitz.

Desde ese momento en el que la familia de Eva fue capturada hasta su liberación por parte de soldados soviéticos, la historia se convierte en una sucesión de escenas conmovedoras. La autora narra su vivencia como si siguiese siendo esa niña que está luchando por superar el infierno. Un diario personal del terror que recuerda mucho al de Ana Frank.

Las dos tenían edades similares y, curiosamente, se conocían al vivir en el mismo barrio en Ámsterdam. Además, Eva acabó siendo hermanastra póstuma de Ana ya que su madre se casó con Otto, el padre de Ana. Otto Frank, precisamente, tiene un papel muy importante en el libro como defensor del legado del Diario de Ana Frank y como compañero de Fritzi -o Mutti, como llama Eva a su madre-.

Tras sobrevivir a Auschwitz, Eva y su madre tuvieron que enfrentarse a la otra realidad, a la desesperanza y a las muertes de Heinz -su hermano- y su padre. Ellos no lograron salir vivos. Ese nuevo camino de su vida, con las marcas de la barbarie, es el que se relata en esa segunda parte en la que la autora narra muchos de los pasos -discursos, conferencias, obra de teatro, visitas a la cárcel- que ha dado para que la memoria del mundo nunca olvide lo terrible que puede llegar a ser la humanidad.

Por: Rubén Guerrero
Fecha: 07-02-2015