Jaque al emperador, una novela histórica sobre la invasión de las tropas de Napoleón

J. R. Barat rescata en esta ficción la figura de José Romeu, el hombre que puso en jaque al ejército napoleónico

La invasión de España por parte de las tropas de Napoleón Bonaparte como punto de partido de una ficción histórica que se lee de manera ágil gracias a su narrativa, los vivos diálogos y unos capítulos nada extensos que le dan frescura a Jaque al emperador (Algaida).  

En esa lucha contra las tropas francesas, un soldado que fue subiendo escalafones en el ejército se convierte en protagonista de esta novela. Se trata de José Romeu, que demuestra sus artes para manejar la guerra de guerrillas que tuvo que emplear el ejército español ante el potencial de su adversario. El talentoso guerrillero lideró la lucha por la libertad del pueblo español ante las fuerzas napoleónicas. 

Romeu, el hombre que no reconoció a José Bonaparte

Juan Ramón Barat (Valencia, 1959) es el autor de una novela que los amantes del género histórico no deben dejar en el olvido. Romeu, un hombre noble y hábil en la batalla, demostró tener unos valores extraordinarios, así como unas dotes notables en el campo bélico. Se negó a reconocer a José Bonaparte como rey y una traición acabó costándole la vida. Murió valiente, sin vender a los suyos, y convirtiéndose en un mito que sale del anonimato gracias a este relato histórico de Barat.


J.R. Barat

Así comienza: Jaque al emperador

El llanto del niño quebró el silencio de la noche. El doctor Ferrer, que en honor a la amistad con la familia había decidido atender personalmente el primer parto de Francisca, salió de la habitación limpiándose las manos con un paño. 

—Enhorabuena —celebró estrechando la mano de José Romeu—. Ha sido un varón. Un varón sano y fuerte. La madre está bien. La verdad es que hemos tenido suerte. 

El médico dio una palmada en el hombro del comerciante de vinos y repitió sus parabienes. 

José rio, orgulloso y excitado; se acercó al mueble aparador, sacó una botella de cristal esmerilado, que contenía moscatel de sus propias bodegas, llenó dos cubiletes de barro hasta el mismo borde y regresó junto al galeno. Entrechocaron los vasos y apuraron de un golpe el licor. 

Por: Manuel Muñoz
Fecha: 10-05-2021