Alina Prades: "Escribir tiene un gran valor colectivo más allá de lo personal"
La escritora nacida en Rumanía y criada en Castellón publica ¿Y ahora qué?, obra con la que cierra su trilogía

Alina Prades nació en Rumanía en 1994 y se crio en Castellón. Su vida estuvo marcada por la violencia de género, una experiencia que transformó en un proceso de sanación y autodescubrimiento. Hoy, con estudios en Intervención y Mediación Familiar, convierte sus vivencias en literatura, ofreciendo a través de sus novelas un espacio de reflexión, aprendizaje y acompañamiento para quienes han atravesado experiencias similares.
Inició su trilogía con Cállate y bésame y Cállate y abrázame. Su tercera obra, ¿Y ahora qué?, sigue el camino de Amarna, la protagonista que enfrenta y supera los miedos derivados del trauma. Pero la fuerza de la narrativa de Alina va más allá de la ficción: combina experiencias reales con ejercicios terapéuticos y herramientas prácticas que buscan empoderar a las lectoras, invitándolas a tomar decisiones conscientes y a comprometerse con su propia reconstrucción emocional.
Escribir para Alina es un acto de amor propio y honestidad: cada página refleja la sinceridad de quien ha transitado el dolor y la valentía de compartirlo con los demás. Sus libros son, en palabras de la autora, un puente entre la experiencia individual y el aprendizaje colectivo, un testimonio de resiliencia que pretende inspirar y acompañar, recordando que sanar es posible y que elegir desde la propia fuerza interior es un acto de libertad.
¿En qué momento sentiste que tu historia personal podía transformarse en una historia literaria?
En el que tras leer las páginas que había escrito para desahogarme, vi claramente que por lo que yo había pasado ya habían pasado y pasarían (por desgracia) otras mujeres, y ahí tomé la decisión de escribir con el propósito de ayudar a todas esas almas rotas o en proceso terapéutico que vibraran con mi historia y mi método.
¿Cómo separas —si es que lo haces— tu proceso terapéutico del proceso creativo?
Cuando estoy en mi proceso terapéutico escribo desde la voz y el rol de Amarna. Cuando lo he finalizado, la de profesional que muestra y explica los ejercicios y técnicas que los lectores pueden aprender a utilizar en su día a día, de ese modo es más real y auténtico.
Amarna, la protagonista, vive un camino de reconstrucción. ¿Qué aprendiste tú de ella durante la escritura?
Que es más fuerte de lo que pensaba. Que no hay reconstrucción posible sin un compromiso contigo misma ni curación sin ser sincera.
¿Qué te gustaría que una lectora que nunca ha vivido violencia de género encontrara en tus libros?
Una historia de superación personal contada desde la verdad. Una inspiración para superar cualquier problema o conflicto y la prueba real de que a través del compromiso con una misma, la sinceridad y el propósito, se puede conseguir tener la vida que una quiera.
¿Cómo trabajas el equilibrio entre la honestidad emocional y la narración literaria?
Primero tengo que tener claro que si quiero reconstruirme he de ser sincera conmigo misma, me guste o no. Al ver el resultado que esta sinceridad tiene en mi vida, soy consciente de que la mejor manera que yo tengo de poder plasmar esta “ayuda literaria” es mediante la honestidad.
En tus novelas aparece mucho la idea de elegir desde el amor propio. ¿Qué significa para ti escribir desde ese lugar?
Escribir desde lo que tú como persona eres y sientes. Si yo no me quiero a mi misma y no sano, todo aquello que cree, diga o decida va a estar impulsado por miedo, rechazo, inseguridad, carencia, vacío existencial… Si yo me quiero a mi misma (en mi caso) voy a escribir desde el respeto, desde la honestidad, desde la seguridad de saber quién era antes y en lo que he decidido convertirme y eso el lector, va a ser capaz de sentirlo cuando lea mis libros y para mí, ese es verdadero éxito, saber y sentir que puedes ser libre para elegir desde dónde vives las cosas.
¿Qué libros o autoras te acompañaron mientras escribías esta trilogía?
Mientras escribía no pude leer ningún libro, pero grandes referentes para mí, te diría que Rebecca Campbell, Louise Hay, Virginia Blanes y Borja Vilaseca.
¿Qué parte del proceso fue más difícil: revivir el dolor o decidir compartirlo con el público?
Decidir compartirlo con las personas fue liberador y me dio un empujón para sacar lo mejor de mí a nivel profesional. Lo más difícil fue revivir el dolor tanto en Cállate y bésame como en ¿Y ahora qué? El primero porque al leerlo, reviví cada uno de los momentos y aunque me ayudó a terminar de sacar el dolor y el duelo que me quedaba, fue muy doloroso. El último porque ya había sanado y entonces reviví el impacto de las memorias de violencia de género, pero gracias a esto pude crear y adjuntar en el libro, una guía práctica sobre cómo ayudar a una persona que revive las memorias de su trauma.
Has hablado de “novela terapéutica”. ¿Crees que ese tipo de escritura puede tener un valor colectivo, más allá de lo personal?
Mi experiencia me ha demostrado que sí puede tener un valor colectivo. Cuando tú narras los acontecimientos de esta manera, el lector no solo empatiza contigo de una forma más rápida, sino que te entiende de verdad, comprende el trasfondo de todo el proceso y de una forma inconsciente, ya comienza a sanar su propia historia y esto en sí ya tiene un gran valor colectivo.
¿Qué papel juega la esperanza en tu escritura? ¿Crees que puede ser una forma de resistencia después del dolor?
La esperanza no tiene ningún papel en mi modo de escribir porque para mí está ligada a la expectativa de que las cosas pasen “como yo quiero o necesito”. Yo comencé a escribir como método de desahogo, aclarar mis emociones y transformar el dolor en resiliencia. Todo lo que vino después fueron decisiones conscientes y ahí te diría que sí jugó un papel importante la fe (no desde una visión religiosa) sino más bien desde el punto de vista de que si ya había transformado todo ese dolor, era imposible que este proyecto saliera mal.
¿Cómo te gustaría que recordaran tus libros las mujeres que los lean dentro de unos años?
Como esos libros que las ayudaron en sus procesos de sanación. Les abrieron los ojos en ver que desde el rol de víctima no se consigue nada. En que, al leerlos, comprendieron de verdad lo que era el amor y descubrieron las herramientas que sí les ayudaron a superar lo que necesitaban y que gracias a ellos, ahora, están bien consigo mismas.
Si tuvieras que definir en una frase lo que significa sanar, ¿cuál sería?
Conocer y enfrentarte a tus peores demonios y dar las gracias por ello.







