Avelino Martínez Granados: "Vivimos más producto de la somnolencia que de la verdadera consciencia"
El escritor y psicólogo publica Los Dorimdos, una novela distópica que propone una reflexión sobre el poder y los mecanismos que condicionan nuestra percepción de la realidad

El escritor y psicólogo Avelino Martínez Granados publica Los Dormidos, una novela distópica editada por Mandala Ediciones que propone una reflexión sobre la conciencia, el poder y los mecanismos que condicionan nuestra percepción de la realidad. El libro se presentará este miércoles 11 de marzo, a las 19:30 horas, en la librería Namasté Libros de Madrid.
Ambientada en el año 2169, la historia imagina un futuro en el que la humanidad ha atravesado un siglo de transformaciones profundas que han dado lugar a una sociedad organizada en torno al bien común. En ese contexto aparece Ludas, un “neuropsíquico” dedicado a estudiar la mente humana y las distintas culturas del planeta, cuyo viaje de investigación acabará convirtiéndose en una experiencia que sacude sus propias certezas.
A medida que avanza la trama, la novela plantea interrogantes sobre el progreso, la manipulación y los límites de la libertad individual, sugiriendo que incluso en los sistemas que parecen más avanzados pueden persistir tensiones, dudas y contradicciones propias de la naturaleza humana. Conversamos con el autor a propósito de esta obra.
La novela se sitúa en el año 2169, tras un siglo de cambios profundos hacia una sociedad basada en el bien común. ¿Qué le llevó a elegir este horizonte temporal para cuestionar si la humanidad realmente puede superar la manipulación?
El optimismo está en mi naturaleza: siempre procuro mirar el lado positivo. Solo así entiendo que podemos sembrar las semillas que nos permitan avanzar hacia un mundo mejor. Es lo que la mayoría queremos, ¿por qué no habríamos de conseguirlo?
Ludas es un "neuropsíquico" que busca entender la mentalidad de diversas culturas. ¿Cómo define usted esta profesión y de qué manera esta capacidad de análisis se convierte en una debilidad cuando él mismo se ve inmerso en la confusión emocional?
Esta “dualidad” es solo una treta para generar debate en el lector. Que estamos dormidos no es solo un título. Debemos provocar reacciones en las que podamos vernos reflejados y plantearnos múltiples opciones ante la vida y su análisis.
En su obra, la sociedad ha pasado de la manipulación a la libertad en pilares como la tecnología y la política. ¿Cree usted que el "progreso" es un estado definitivo, o es la fragilidad de Ludas una advertencia de que siempre estamos a un paso del retroceso?
Aunque en el pasado no hayamos vivido en una sociedad como la que plantea la novela, podemos deducir que, tal como se comporta nuestra especie a través del ego, cuando alcancemos altos estándares es probable que renazca la ambición desmedida, como cuando surge un nuevo virus. Si no estamos atentos, podemos sufrir un retroceso.
El personaje de Siu introduce el conflicto entre el gobierno y la libertad individual. ¿Representa ella la sombra que persiste incluso en los sistemas que parecen más perfectos?
La novela tiene varias lecturas; la crítica social es la más profunda, aunque también coexisten otras no menos interesantes. El potente final pretende dejar un mejor sabor al lector, pareciendo lo que en realidad no es. Me parece muy oportuna tu pregunta.
Usted plantea una distinción crítica entre amor y deseo, y entre libertad y condicionamiento. ¿Por qué es necesario para Ludas —y para el lector— enfrentarse a esta confusión para alcanzar un verdadero autoconocimiento?
No es necesario entrelazar el autoconocimiento con estados emocionales como el amor y el deseo. Aun con coeficientes muy altos, se puede ser analfabeto en el conocimiento de lo que intrínsecamente somos, y esto puede llevarnos a confundir el deseo con el amor.
El viaje comienza como una búsqueda de placer y termina en desasosiego e intriga. ¿Es esta transformación del viaje una metáfora de cómo la realidad suele desmantelar nuestras certezas ideológicas?
No lo había analizado de forma consciente de este modo, pero me parece un enfoque muy acertado. Tal vez, mientras vivamos siguiendo una ideología, sea más difícil encontrar la libertad y, por tanto, tener certezas menos condicionadas.
Al llegar a lo que parece una sociedad muy avanzada, surgen las dudas. ¿Qué elementos de nuestra naturaleza humana cree usted que son los más resistentes a ser "perfeccionados" por la educación o la tecnología?
Entiendo que es ese constructo llamado mente el que nos dificulta el control. Esto se debe a que la mente está regida por el ego, y aún estamos lejos de dominarlo como sería deseable si queremos hacer de nuestra vida lo que realmente le corresponde, y no lo que la vanidad cataloga como correcto.
Ludas llega al extremo de creer que ha perdido el sentido común, confundiendo razón con enajenación. ¿Es la locura, en su novela, una respuesta lógica ante una realidad que deja de tener sentido?
Tal vez sea un escape natural del cerebro que nos permita llegar a una conclusión que pueda dejarnos satisfechos; o quizá sea tan grande la distopía en algunas etapas de la vida que necesitamos justificarlas cuando no logramos integrarlas.
Creemos estar muy avanzados, saber mucho y ser libres. ¿Es así?
La novela menciona que la tecnología está al servicio de los valores. En el mundo real de hoy, donde la tecnología a menudo parece erosionarlos, ¿qué lección busca transmitir a través de esta utopía amenazada?
Tal vez no lo planteo con toda la claridad. Lo que quiero decir es que, precisamente, la tecnología es la mayor trampa de la sociedad en el tiempo que vivimos. Es la herramienta a través de la cual se nos manipula con mayor facilidad. Todo esto va en contra de los valores y a favor de convertirnos en humanoides.
El título Los dormidos sugiere un estado de inconsciencia. ¿Quiénes son realmente los que duermen en su obra: los ciudadanos de 2169, nosotros en el presente, o aquellos que se dejan condicionar por sus propios instintos?
No puedo decir que seamos la sociedad actual la que está dormida; sería un insulto a la avanzada inteligencia que poseemos. Por supuesto, tampoco la sociedad del año 2169 puede catalogarse como dormida, con sus significativos avances. Que cada uno haga su interpretación desde su libre albedrío. Respecto al instinto, bien entendida la palabra como intuición, tal vez sería mejor guía. Cuando nos permitamos sentir más y pensar menos, quizá logremos un gran avance.
¿Cómo trabajó la construcción de la voz de Ludas para que el lector sintiera esa transición desde la seguridad del experto en la mente humana hasta la vulnerabilidad del hombre que ya no confía en sus propios sentimientos?
Entiendo que es algo consustancial al ser humano. Mi trabajo en consulta me permite ver distintas tipologías de personas, con culturas, conocimientos o economías diferentes; y, sin embargo, puedo observar que los materiales en forma de emociones son comunes a todos. Nos sentimos seguros hasta que algo nos pone a prueba.
Al final de la historia, ¿considera que el conflicto de Ludas entre sexo, amor, amistad e intereses es una lucha que pertenece al futuro o es el dilema eterno que define nuestra especie sin importar el siglo?
Desde una mirada histórica, esto que planteas es algo recurrente. Está presente en cualquier tratado social de cualquier etapa de la vida de la humanidad. Es un tema muy interesante para analizar y entender si se trata de un proceso, de un objetivo, o si forma parte de la evolución, el aprendizaje y el sentido que la vida pueda tener.








