Los felices ochenta: Daniel Vázquez Sallés revisita el desencanto de una generación entre la utopía y la resaca
Un ensayo memorístico que desmonta el mito de los años ochenta y retrata el desconcierto vital del baby boom español

Los felices ochenta, publicado por Folch y Folch y escrito por Daniel Vázquez Sallés, es un ensayo de memoria personal que se transforma en una crónica generacional. El autor se adentra en la experiencia vital de quienes crecieron entre los últimos estertores del franquismo y la consolidación de la democracia, atrapados entre un mundo que se derrumbaba y otro que aún no había definido su rumbo. El libro aborda ese tránsito con una mirada crítica, alejada de la nostalgia y marcada por la lucidez.
El relato sitúa su punto de partida en el final de la dictadura, en esa conocida como la noche más larga, para desplegar a partir de ahí un recorrido por la educación sentimental de toda una generación. La memoria individual funciona como espejo colectivo, permitiendo entender cómo los ideales heredados chocaron con una realidad mucho más ambigua y contradictoria de lo que se había prometido.
El mito de los ochenta bajo revisión
Vázquez Sallés centra buena parte del ensayo en desmontar la imagen idealizada de los años ochenta. Acontecimientos políticos, sociales y culturales se suceden como telón de fondo de una década marcada tanto por el desarrollismo como por sus sombras. La modernización del país convive con la expansión de las drogas, el desencanto político y la constatación de que el cambio no fue tan profundo como parecía.
Desde figuras políticas nacionales e internacionales hasta grandes hitos mediáticos y deportivos, el autor revisa una época que creyó haber alcanzado la modernidad definitiva. El libro señala cómo el progreso se confundió con el consumo, y cómo el espejismo democrático ocultó muchas de las carencias estructurales heredadas del pasado reciente.
Memoria personal y crónica colectiva
El tono del ensayo combina humor negro y ternura, sin caer en la complacencia. El autor se observa a sí mismo y a su generación con ironía, repasando canciones, películas, modas y certezas ingenuas que hoy revelan su fragilidad. El ritmo ágil de la prosa contribuye a que el texto avance con fluidez, incluso cuando aborda episodios incómodos o dolorosos.
Lejos de idealizar la transición y sus consecuencias, Los felices ochenta propone una lectura crítica del relato oficial. No es un ajuste de cuentas, sino una radiografía emocional, en la que la memoria se presenta como un ejercicio necesario para comprender el presente y sus contradicciones.
El resultado es un ensayo que dialoga con la historia reciente desde la experiencia vivida, ofreciendo una mirada honesta sobre una generación que quiso cambiar el mundo y acabó enfrentándose a su propio desencanto. El libro se consolida como una reflexión sobre la pérdida de las certezas y la construcción de una identidad colectiva marcada por la ambigüedad.








