Temporada de avispas

La opera prima de Elisa Ferrer es una novela intimista con una gran carga emocional y un homenaje muy especial a las madres 

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La infancia y la familia son dos de las grandes protagonistas de Temporada de avispas (Tusquets), una carta de amor a las madres galardonada con el XV Premio Tusquets Editores de Novela

Quiero saber por qué nos abandonó. Y entonces en sus ojos  entreveo un destello de locura. Un destello que desemboca en una risa histérica. Una risa que me incomoda, quizá también a los de la mesa cercana

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Elisa Ferrer (en la imagen) es la autora de una novela intimista que tiene a Nuria, una joven treintañera, como personaje principal. Ha sido despedida de la revista en la que trabajaba y también se ha quedado sin pareja. A todo esto se le suma una llamada telefónica donde le comunican que su padre, que abandonó a la familia hace mucho tiempo, se encuentra en la UCI. 

El relato tiene una gran carga emocional y también generacional. Aquellos que crecimos en los 80 y principios de los 90 pensando que el futuro solo podía depararnos estabilidad y trabajo si nos aplicábamos en los estudios nos sentiremos identificados con una historia que nos hará reflexionar. 

La opera prima de Ferrer es una novela de ágil lectura escrita con mucho tacto. A los líos familiares, con mentiras y engaños en el pasado, se le suma una bien añadida pizca de humor. Con una estructura bien definida, el relato ata los hilos del pasado con el presente en una historia en la que hasta Batman tiene un cameo muy especial para combatir el temor a las avispas. Unas avispas que están muy presentes a lo largo de esta novela realista, con intriga, sentimiento y psicología, que se lee con gusto gracias a la cuidada y fluida prosa de la autora.

Así comienza...

La superheroína imbatible que era de niña ha perdido sus poderes. Esta mañana, que me encantaría volar, desaparecer, viajar en el tiempo, detenerlo, solo siento un pinchazo espantoso en la cabeza, el regusto ácido de las copas de ayer.  Ha sonado el teléfono y mi madre me ha despertado antes de las ocho de la mañana con su urgencia por hablar conmigo, aunque no tuviera nada que decirme: Nuria, cariño, ¿todo bien) Me ha costado levantarme, no sentirme culpable por tener a Juan respirando en mi nuca, ahogándome con su abrazo de cuchara. Me ha costado no enfadarme porque me prometí no liarme más con él. Y al final me cabreo, porque respondo cuando me llama, porque voy a verle, aunque ya no quiera. Me ha costado darme una ducha, salir de su casa, que, aunque hace un tiempo fue mía, ahora me es ajena, lejana, triste; meterme en el metro, en el ascensor. Pensar en encerrarme en el sarcófago de la oficina". 

Por: María Vila
Fecha: 20-01-2020