El desván de las musas dormidas, una novela de memoria y duelo en la voz de un niño sin nombre
Reseña literaria de una obra que entrelaza memoria, identidad y duelo en la voz íntima de un niño, a medio camino entre las memorias y la elegía

La narración de El desván de las musas dormidas (Acantilado), de Fulgencio Argüelles, sigue la voz en primera persona de un niño sin nombre propio, como tampoco lo tienen los demás personajes. Su mirada se convierte en el eje de una novela que explora la intimidad familiar y el miedo persistente a la muerte del padre, siempre presente como sombra y destino.
El padre, minero y autodidacta, ocupa un lugar fundamental en la formación del protagonista. Es él quien transmite el amor por las palabras, recogidas con esmero en un cuaderno que se convierte en símbolo de memoria y aprendizaje. La transmisión del conocimiento y el afecto se revelan como ejes centrales de la historia.
Una narración fuera del tiempo y el espacio
La novela no se ancla en un lugar ni en una época concretos. Lo simbólico y lo emocional prevalecen sobre lo realista, otorgando al relato un aire universal. Este carácter atemporal refuerza la conexión entre lo íntimo y lo colectivo, y convierte la obra en un mapa de recuerdos que trasciende lo personal.
Los temas centrales son la memoria, la identidad, el duelo y la necesidad de comprender el legado familiar. También destaca la reivindicación del arte de narrar como resistencia frente al silencio y al olvido, un gesto que convierte a la novela en un canto contra la desaparición de la memoria.
El asombro como motor narrativo
El relato se construye desde el asombro de la primera vez y desde el estupor ante un mundo que se descubre de forma progresiva. La mirada infantil dota al texto de frescura y de un lirismo que convierte cada recuerdo en experiencia compartida. La imaginación y la memoria se entrelazan para urdir la materia íntima de la narración.
La escritura se aparta de la prosa minimalista en boga y apuesta por una prosa rica, rítmica y de gran capacidad evocadora. El lirismo está presente en cada página, lo que refuerza el carácter elegíaco de una obra que bucea en la memoria.
Entre memorias y elegía
La estructura acompaña el tránsito del protagonista desde la niñez hasta la adolescencia, con un tono que oscila entre la evocación autobiográfica y la elegía. Este recorrido se convierte en un homenaje a una tierra triste que ya no existe, un espacio que solo perdura gracias al recuerdo.
En conjunto, la novela se alza como un canto a la memoria y a la narración. Los vestigios del pasado, guardados en un recóndito desván de la intimidad, toman forma en una historia que desafía al silencio y al olvido. La obra confirma una vez más la capacidad de Fulgencio Argüelles para construir una literatura que se erige en resistencia frente a la desaparición.