El secreto que las mujeres  enterraron bajo un árbol y que nadie se atrevió a contar

Tiempo de granadas, de Caterina Karmany, un viaje emocional entre el contrabando de posguerra y un secreto actual que une a cuatro amigas 

La literatura contemporánea encuentra en Tiempo de granadas (Lunwerg), de Caterina Karmany, una pieza que articula con precisión la memoria de las mujeres mallorquinas. La trama se sitúa en Sant Francesc, un escenario donde el tiempo parece haberse detenido entre las grietas de las casas de piedra y los campos de higueras. A través de una estructura que alterna el presente con recuerdos de la posguerra, la autora construye un relato sobre la herencia, el silencio y la supervivencia de varias generaciones vinculadas por un mismo linaje de resistencia.

La historia comienza con Margot, una fotógrafa que regresa de Barcelona a la casa de su abuela, enfrentándose a una resaca que es tanto física como existencial tras una noche de excesos. Esta vulnerabilidad inicial sirve como puerta de entrada a un grupo de amigas autodenominado las Gatas, compuesto por Margot, Andreva, Catalina y Olga. Juntas, representan las distintas caras de la feminidad actual en un entorno rural que todavía arrastra los ecos de una educación represiva, donde el qué dirán sigue pesando en la conciencia individual.

El peso del pasado y el aroma de la resistencia

La narrativa viaja al pasado para presentar a Joanaina, la abuela de Margot, cuya infancia terminó prematuramente en los campos de aceitunas de Binibassí. La evolución de este personaje es fundamental para entender el ADN de la novela, ya que Joanaina se convierte en una figura central del estraperlo de harina bajo la dictadura. Su habilidad para camuflar la mercancía prohibida en ollas de barro simboliza una forma de resistencia silenciosa que define a toda una generación de mujeres obligadas a sobrevivir en la sombra.

El libro utiliza elementos gastronómicos, como la lechona en salsa de granada o la confitura, no como mero adorno, sino como vehículos de transmisión cultural. Estas recetas actúan como el pegamento que une a Joanaina con personajes como Francina, creando una red de cuidados que desafía la vigilancia de la Guardia Civil y la rigidez de las jerarquías locales. Es en la cocina donde estas mujeres encuentran un espacio de libertad y confesión que les permite soportar las penurias de una época marcada por la escasez.

Un secreto compartido bajo las raíces del árbol

La trama da un giro oscuro cuando se revela un incidente violento que involucra a un personaje del pasado de Margot y las consecuencias de una noche fatídica. La novela transita entonces hacia un terreno cercano al suspense psicológico, donde las amigas deben gestionar el cadáver enterrado bajo el granado del jardín. Este acto de autodefensa y solidaridad radical pone a prueba sus vínculos y las obliga a confrontar sus propios traumas, culpas y la necesidad de protegerse mutuamente frente a un sistema que a menudo las ignora.

El análisis literario revela que el granado no es solo un árbol, sino un testigo mudo de la violencia y la redención. Mientras que Joanaina plantó el árbol para obtener frutos agrios con los que cocinar, sus descendientes lo utilizan para ocultar una realidad que no pueden procesar de otra manera. Esta metáfora sobre lo que se entierra para poder seguir viviendo es uno de los pilares emocionales más potentes de la obra, conectando el dolor del pasado con la búsqueda de libertad en el presente.

El estilo de Karmany destaca por su sobriedad y por evitar el sentimentalismo fácil, optando en cambio por un tono informativo que subraya la dureza de la vida rural y la sororidad ante la adversidad. A través de las conversaciones del grupo de WhatsApp de Las Gatas, la autora integra la modernidad técnica con la tradición oral, mostrando que, aunque los medios de comunicación cambien, las inquietudes femeninas sobre la maternidad, el trabajo, el abuso y la identidad persisten a través de los años.

La obra se cierra con una nota de reconocimiento a la figura de la mujer trabajadora e invisible. La exposición fotográfica de Margot en Madrid, que presenta la imagen de Joanaina como símbolo de inmortalidad, cierra el círculo de una historia que comenzó en el barro y terminó en las paredes de una galería. Es, en última instancia, una reivindicación del derecho de estas mujeres a ser las dueñas de su propio camino y de los secretos que, para bien o para mal, las mantienen unidas.

Por: Manuel Muñoz
Fecha: 15-03-2026